Cuando la demencia te invita a dejar tus verguenzas,
aprieta tu mano y le echa un pulso a la mirada,
te das cuenta de que si la vida es ese libro que ella se dedica a releer,
tu aún sigues haciendo esbozos del que con suerte será tu primer capítulo.
Qué atrevidos aquellos que se ríen del olvido,
porque juegan con la baza de poder hoy recordar,
aún son dueños de la fuerza y tienen agilidad...
Cuestión de temporalidad...
Ignorantes. Que no saben que el olvido, a ellos también llegará.
Y qué bonito que hayan miradas,
que a pesar de estar cansadas
sean capaces de pedir sinceras
marcharse antes de verla marchar.
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Ángel: Gracias por mostrarme la batalla de la cordura al intentar ganarle un puesto a la demencia, en su faceta más real. Sus charlas con Conchita encima del cabezal y su invitación más sincera a esa perfumería en la que algún día debió trabajar.
Ricard: Gracias por mostrarme la realidad del amor en la que aún hoy creo, no sin mis reservas.
Usted me enseñó que ni siquiera hace falta la vista, cuando prefiere pagar antes con su propia vida que verla marchar después de toda una vida juntos.
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Sigues dando pasos, no sin tropezar,
viendo ancianos luchando y de la mano caminar.
Un escalofrío me recorre y no alcanzo a imaginar
cuánta vida ya labrada, y aún con luz en la mirada
piden a gritos: quiero más!
*Debilidad por nuestros mayores.
Afri :)
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